Te conocí una tarde de otoño que de tristeza llenaba tu mirada.
Cuando tus ojos se cruzaron con los míos pude ver que de ellos brotaban perlas, un mar de piedras preciosas inundaba tu mirada. Sin pensarlo me acerqué a tí, te hice levantar ese mar de belleza...
Ambos buscamos nuestros labios y secamos los problemas con un beso, un beso eterno e inmortal.